Para las personas que no están familiarizadas con el
término, body positive hace
referencia a un movimiento cuyo objetivo es promover la aceptación de nuestros
cuerpos tales y como son, dejando de lado la construcción de lo que, según la
sociedad, es el ideal de un ‘cuerpo perfecto’.
Ya definido este concepto tengo que decir que yo me
considero ‘body positive’. Realmente creo que la belleza viene en todos los
colores, formas, tallas y tamaños; odio el fat
shaming; y trato de combatir
cualquier estereotipo acerca de la imagen corporal que sea promovido por medio
de la publicidad, la música, o las redes sociales.
Sin embargo, si bien para mí es importante colaborar
con la supresión de estas irreales normas de la belleza, tengo que admitir que,
cuando se trata de mí misma, la historia es otra.
Así es. Tristemente, soy una víctima más.
Creo que todo comenzó en la adolescencia. Vaya
sorpresa. Desde que tengo memoria, siempre me sentí fascinada por los
delgadísimos cuerpos de las modelos de alta costura, con sus pómulos
prominentes y sus extremidades infinitas. Nunca asocié los desórdenes
alimenticios con algo malo, no si el resultado era obtener ese cuerpo de
ensueño en el cual, según yo, cualquier trapo se ve bien puesto.
Foto por: Joel Obando Fotografía
Es por esto que, cuando comencé a crecer y la pubertad
tocó a mí puerta, fue muy difícil aceptar la imagen que me devolvía el espejo: lo
único que podía ver eran mis pechos demasiado grandes, mis muslos demasiado gordos,
mi espalda demasiado ancha. Cualquier kilo (o medio kilo) de más en la báscula
era una tortura. Todavía lo es.
Aunque actualmente ya forma parte de mi estilo
personal (quizá por la costumbre), en aquella época la ropa oversized se convirtió en mí mejor aliada,
porque lo ocultaba todo: mis tetas, mi abdomen, mis muslos, mi espalda.
También ocultaba los cortes y las quemaduras que
muchas veces me provocaba, presa del odio, la ira, y la depresión. Nunca fui una niña emo como tal, si es que se están atreviendo a ponerme una etiqueta mentalmente,
pero sí fui una mujer bastante abusiva con mi cuerpo. No sólo lo quemaba y lo
cortaba; a veces lo alimentaba poco, o a veces lo alimentaba de más.
Fue una época dura que, lastimosamente, atravesó mi
adolescencia y me afligió hasta más o menos los 25 años. Claro que hubo altos,
pero los bajos fueron más, y no fue fácil tener que ocultar mi problema de
autoestima detrás de una máscara de falsa felicidad. Era como ‘ocultar la
basura debajo de la alfombra’ todo el tiempo. No resolvía nada.
No obstante, desde hace más o menos cinco años comencé
a rodearme de gente que le dio un giro a esta historia. La oportunidad de conocer,
leer, escuchar y aprender de hombres y mujeres cuyas mentes se habían abierto y
habían logrado empoderarse de sus cuerpos y de sus realidades; que hablaban sin
tapujos de la sexualidad, la discriminación, el acoso, y la equidad basados en
sus experiencias personales; que habían decidido luchar en contra de los
estereotipos; que ya no querían ser víctimas de la industria ni del sistema… Tener
a mi alrededor tantas personas fuertes que no tienen miedo de reconocer sus
luchas y que más bien las utilizan para generar un cambio fue, simplemente, una
revelación y una inspiración para mí.
Sé que mi propia historia no es muy diferente a la de
otras mujeres, y por eso quise compartirla. Porque sé que el camino de la baja
autoestima suele parecer un camino muy solitario, aunque la realidad es que
casi todas las personas que hay en este mundo pasan por allí, al menos una vez
en sus vidas. Porque todas tenemos algo que no nos gusta de nosotras mismas, o
tenemos algo que nos gustaría cambiar, o (inevitablemente) todas las personas
hemos crecido creyendo que hay alguna característica que poseemos (como un
lunar, o un color de piel, o una cicatriz, o un peso, o un tipo de cabello, o
una estatura, o una forma de ojos… la lista sigue) que está defectuosa o que es
incorrecta.
Me gustaría poder decir que hoy, cuando me veo en el
espejo, lo único que siento es amor y aceptación; sin embargo, tengo que
admitir que un gran porcentaje del tiempo sigo viendo características que no me
gustan o que me gustaría cambiar, sobre todo ahora que debido a varios meses de
sedentarismo he estado luchando con mi peso.
Quiero que quede claro que creo firmemente en tener un
estilo de vida saludable, no porque apoye conceptos tales como el un ‘cuerpo de
bikini’, o ‘las medidas perfectas’, o ‘el peso ideal’, sino porque pienso que
comer bien y hacer ejercicio con regularidad es parte de cuidar nuestro cuerpo
y tratarlo con respeto.
He vivido con esta lucha demasiados años; creo que es
mi talón de Aquiles, y he aprendido a aceptar este hecho. Lo que ha cambiado es
mi manera de sobrellevarla.
No todos los días son buenos (no todos los días me
gusta cómo se me ve mi ropa, por ejemplo), pero he logrado transformar esta
batalla en una experiencia enriquecedora, y he intentado que no sólo lo sea para
mí, sino también para otras personas.
La única solución es empoderarnos de nuestros cuerpos todos los días, como una revolución
personal en contra de toda esa publicidad basura, en contra de todos esos
mensajes que nos quieren obligar a creer que hay una manera correcta de verse
y, sobretodo, que intentan hacernos olvidar que nuestro ser interior es más
importante que nuestro aspecto. Ambos lo son. Todo es cuestión de equilibrio.
La batalla parece interminable, pero sí se puede
ganar. Créanme. Nada más es cuestión de pararse frente al espejo, mirarse a los
ojos, y decidir obtener la victoria. Todos los días.
-HJF-











“Batman doesn't have to put up with this shit--why should we?”
ResponderEliminar― Caitlin Moran, How to Be a Woman <3
Jaja, que chivaaaa <3 ¿Es un libro?
EliminarSí. se llama How to be a Woman, se lo puedo prestar, lo acabo de terminar, es sobre feminismo y sobre luchas que tenemos las mujeres con cierto estilo "diferente" al que la sociedad nos impone, fijo le va a gustar un montón. <3
EliminarSíiii, lo quiero :)
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